domingo, 27 de mayo de 2007

Bebiendo 8.000 euros

Sales de tu apartamento con destino al trabajo. Cierras la puerta, te vuelves y, resignado a bajar por las escaleras suponiendo que el ascensor estará abajo del todo, sabedor de que entre que suba al octavo, se abran las puertas, entres, se cierren, baje a la planta baja, se vuelvan a abrir las puertas y, por fin, salgas, pasará un tiempo demasiado excesivo… lo miras con desprecio y sucede: está ahí, esperándote. Corriendo entras en él, antes de que ningún otro vecino te lo quite. El tiempo que tardas es prácticamente el mismo, pero al menos te da tiempo a meter las cosas en los bolsillos y terminar de ponerte el jersey.

Vas hasta la panadería a comprar un croissant. Son ya más de las 8 de la mañana, pero te apetece un buen croissant, pese a que supones que estará hecho de antes de que amanezca. Justo cuando llega tu turno, del obrador sale una bandeja de croissants recién hechos, y la panadera coge uno para ti. Has tenido suerte, desayunarás un buen croissant calentito y grasiento de mantequilla de camino a la oficina.
















No los busquen fuera de Francia, no saben igual.

Con paso firme te diriges hacia la boca del metro. Llevas el tiempo bastante justo, aunque sabes que no llegarás tarde. Algunas veces, el metro entra en la estación al mismo tiempo que tú, y de repente te sientes mejor, te alegras, llegarás a la hora sin necesidad de hacer eso tan horrible que es correr en la calle.

A media mañana hay que salir. Diluvia, necesitas un taxi y sabes que no los va a haber. Sales a la calle ya resignado a mojarte hasta que aparezca uno, pero nada más salir a la acera, ves venir una luz sobre el techo de un Mercedes E220 CDI gris… sí, es un taxi, y está libre, y se para. En ese momento tu sonrisa es la prueba de que llegarás algo menos mojado de lo previsto.

A veces casi todo viene de cara. Tu ordenador no se cuelga al leer el pdf en el Internet Explorer. Nadie te interrumpe justo en el momento en el que necesitas ir al baño. El aire acondicionado no es necesario pues no hace tanto calor dentro como podría esperarse. Nadie ha llevado flores que te den alergia. No hay quejas, y todo son halagos.

Y cuando ya crees que nada podría ser mejor, así como quien no quiere la cosa, te encuentras en el office de uno de los mejores restaurantes de la ciudad, con un par de copas delante, dispuesto a catarlas y compartirlas con quien fuera mejor Sumiller de Francia hace años (además de un tipo algo estirado pero también bastante majo cuando se relaja), y el que actualmente es el mejor chef de Francia (o como tal lo publicitan), otro que tal pero que, si el día le ha ido tan bien como a ti, lo cierto es que es un tío agradable. Ante tal concurrencia, tú optas por guardar un respetuoso silencio y aprender, sobre todo aprender.

En la primera copa hay un Champagne, y en la segunda un Ribera del Duero. Y esto fue lo que pasó:

Allí estaba yo la otra noche, sin ninguna vergüenza pero con una cara de satisfacción como pocas veces he tenido en este tipo de encuentros. Sabía que mi responsabilidad era nula, y habiendo llevado el Champagne y siendo el “promotor” del Ribera, no habría más que agradecimientos. Así que tal y como he dicho, dispuesto a escuchar y aprender, nos pusimos al tema. Primero cayó el Champagne, y luego el tinto. Sin embargo, por motivos “económicos”, hablaré primero del Ribera.




















Mete miedo...

Vega Sicilia Único 1995. Resulta curioso escuchar tantos piropos hacia un vino español por parte de dos expertos franceses. Para el “aficionadillo”, puede resultar incluso estúpido, dado que además hablamos de un vino con muchísimo renombre, pero que a base de ser tan conocido, y dado que muchos quienes lo nombran en realidad no lo han probado, se siente algo “devaluado”. ¿Devaluado? Partiendo de la base de que la añada 95 fue excelente, y sin poner en duda el hecho de que estamos frente a uno de los mejores vinos españoles, de nada sirve intentar rebajarlo en beneficio de otros grandes vinos peninsulares, por muy buenos que éstos sean.

Tal y como sucede con otros Vega Sicilia, como es el más asequible Tinto Valbuena, la verdad es que a mí me gusta mucho más el aroma que el sabor. Centrándonos en este Único, he de decir que a la vista es tremendamente bonito. Una cata buscada en Internet, lo describe como “intenso rojo granate con dejos de noble evolución y muy buena caída.” Supongo que es así. Yo no soy tan técnico, en absoluto, pero sí sé decir cuándo un vino me parece vino, y cuándo me parece una maravilla, y este es uno de esos casos. El color, la lágrima que deja en la copa, los reflejos, cómo se bate al moverlo, todo.

En cuanto al aroma, no quiero nombrar a ninguna cata. ¿Por qué? Porque no sabría decir si se ajusta a la realidad que yo olí. Y es que aquello no es que fuese un cuero con frutas rojas perfectamente ensambladas con madera y cobre, que lo era. Es que era tal aroma, que ni el mejor de los perfumes logra una sensación en nariz tan agradable, con un punto perfectamente ajustado de todas las variables que pueda tener un vino en la nariz.

Llegado el momento de meterlo en la boca, uno tiene una primera impresión… ¿desilusión? Podría ser, por todo lo que hemos descrito antes de beberlo. ¿Seguro? Esa impresión se olvida en milésimas de segundo, en cuanto el vino ocupa toda la boca, alcanzando su máxima expresión de fuerza y potencia. No quiero decir con esto que el vino tenga poco cuerpo, en absoluto. Tan sólo que al oler tan sumamente bien, uno no sabe exactamente qué esperar en boca, sobre todo cuando no se acostumbra a beber estas cosas todos los días. Ojo, hablamos de un líquido que lleva la friolera de 12 años ahí esperándonos. Y es que no es lo mismo meterse con un crío de 13 años, abusando de nuestro tamaño, que encontrárnoslo con 25 dispuesto a noquearnos. Y es lo que hace este Vega Sicilia. Con nada de vino, logra ocupar toda la boca, dejando una sensación de potencia que da hasta miedo imaginarse un maridaje con algún plato que lo alcance. Y todo ello con un equilibrio sencillamente perfecto.

Quizá sea eso con lo que me quedo: el equilibrio. Lo tomas sabiendo que estás bebiendo perfección. Que se puede ir más allá, seguramente. Que más abajo realmente hay cosas muy buenas, pues claro. Pero qué equilibrio de todo. Pudiendo pagarlo...




















Pues aún mejor, sí.

El problema del Champagne que viene a continuación, es que tiene aún más componente psicológico que el Ribera. Cuando uno bebe a ciertos niveles inalcanzables, siendo más un aficionado que un profesional, lo cierto es que influye mucho lo que pone la etiqueta. Además, esto no era ni una cata a ciegas, ni una cata formal, ni nada de nada. Esta reunión no era más que una oportunidad informal a aprovechar algo que, por motivos que no vienen a cuento, se nos presentaba. Hombre, el Vega Sicilia es caro, sobre todo en restaurantes, pero más o menos se puede comprar. El problema de este Champagne es que la cosecha está prácticamente agotada. Para conseguir las cuatro botellas Mágnum que se compraron, hubo que recurrir a los mayores expertos. Concretamente, estas botellas venían de la casa de subastas Sotheby’s, y eso ya impone respeto. Por cierto, si se compraron cuatro… fue porque no había más. ¿El cliente? Un hombre tremendamente millonario, quién si no. Y allí llegaron, y resultó que una de las botellas no es que se extraviase, no. Sencillamente “pasó a disposición”. Y cayó. Y callamos como putas, claro…

Dom Perignon Rosé 1990. No sé si es el mejor Champagne del mundo. No sé si hay tanta diferencia con la añada del 96 o la del 93. En realidad, desconozco cuál es la mejor añada. Pero sé que ese millonario sólo quiere esa cosecha. Si él lo dice… ¿Por qué hablo de componente psicológico? Porque esas botellas fueron facturadas a 6.800 euros cada una. Vale, costaron menos, pero el cliente es lo que pagó, y las compras entre intermediarios siempre tienen margen de beneficios, ¿no? Quien no se sienta condicionado por la factura, o es ciego, o tiene mucha suerte.

El aspecto de este Champagne Rosado no es rosado. Son 17 años de guarda en los que el vino va evolucionando poco a poco hasta alcanzar un tono ámbar realmente bonito. Más que bonito, impresionante. Es un ámbar, es un oro, es un miel… es una transparencia perfecta llena de reflejos todos diferentes. No es como un Pedro Ximénez, no es como un Sauternes, no es como un PMG del Jura, y no es como ningún otro. La burbuja extremadamente fina termina de enamorar. Uno podría pasarse horas mirándolo, como con el Vega Sicilia.




















Si será escaso, que ni en fotos aparece.

Y uno podría pasarse horas oliéndolo también. Una cata buscada en Internet sobre un Rosé 95 dice que “es éste un champán tocado de veras por aromas de lujuria de bayas rojas, expresión auténtica de la mejor calidad frutal del pinot noir. Una grandiosa sensación aromática inunda la nariz con halagos de fresa silvestre, frambuesa y cierto toque sensual y carnoso.” Será eso, seguramente. Yo es que no puedo decir mucho, y me da mucha vergüenza no haber anotado todo lo que comentaban David y JF, pero es la verdad. Un cierto aroma a calcáreo tras haber oxigenado el vino es algo que me hicieron ver. Que sea bueno o no, lo desconozco. Más que nada porque me da totalmente igual. Pura gloria, no hay otra expresión.

Llevado a la boca, es un Dom Perignon con ese toque que esa marca consigue, que hace que siempre quieras más y te pone la sonrisa tonta en la cara. Sonrisa no por pedete lúcido, sino porque no la puedes evitar. Esa misma cata dice que “en boca dominan primero esas mismas notas para dar paso después a los tostados tan típicos de Dom Perignon. La acidez aparece al final de boca, perfectamente integrada y delicadamente arropada por la cremosidad de sus burbujas. Deje muy largo, complejo y cambiante con esas notas exuberantes de pinot que tanto recuerdan a los grandes vinos de Borgoña.” Tampoco lo pondré en duda, faltaría más.

Y de nuevo me da igual quedar como el ignorante con suerte. Sólo sé que he podido probar uno de los mejores Champagnes del mundo, y que ello me hizo muy feliz. No quisiera ahora establecer comparaciones con otros Cavas, aunque sé que mucha gente se empeñará en hacerlo. ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene intentar defender lo patrio, rebuscar entre los caldos españoles en busca de algo que se asemeje? ¿Qué lleva a alguien a justificar un excelente Cava español frente a ese Champagne poniendo como variable a considerar el precio? ¿Por qué se haría lo mismo con ese Ribera contra vinos franceses si fuésemos franceses? Sería curiosa la conversación, como aquella entre el propietario de un Laguna dci comentándole al dueño del Mercedes S600 que su coche también tiene asientos de cuero, cambio automático, techo solar, se abre al acercarse, se arranca por botón, lleva ABS y muchos airbag, tiene un gran maletero, elevalunas eléctricos, asientos eléctricos delanteros, etc etc… a lo que el otro respondería un “sí……”

Mi enhorabuena a quien los haya podido probar o quien tenga la suerte de poder permitírselos, tanto los vinos como el Mercedes. Sin duda, son dos de los mejores vinos del mundo, y como decía David anoche, dos productos con los que sabes que nunca te vas a equivocar. Como con el S600.

Vega Sicilia Único 1995, unos 200 euros la botella en tienda. Si no se llega, váyase a por un Tinto Valbuena de la misma casa, del 2001 por ejemplo, por unos 70 euros. Merece la pena, sin duda.

Dom Perignon Rosé 1990. Si lo encuentra, dese por satisfecho, pero uno del 96 se puede comprar en Lavinia por 350 euros la botella.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

8.000 euros el Dom P, ¿no?.

Andrew Vickerman dijo...

6.800 que se facturaron por cada botella de Dom P, mas los casi 1.000 de precio de venta en restaurante del Vega Sicilia. Cierto, no son 8.000, era por redondear...

Anónimo dijo...

Impresionante.
Le he dejado un privado en el foro que frecuenta.

Un saludo
Delarosa

Anónimo dijo...

¿Y por qué mangaron entre los tres hosteleros aquella botella de champan?

¿La de vega Sicilia, la pagaron?

Ah, claro, tempoco.

Andrew Vickerman dijo...

No se confunda, señor Anónimo. Nadie robó ninguna botella.

Anónimo dijo...

Iban a caducar, y por no tirarlas...

 
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