domingo, 17 de junio de 2007

Restaurant Ebis

Vuelvo por aquí tras unos días de vacaciones. Y qué mejor forma de hacerlo que yendo a comer con una amiga a uno de sus sitios favoritos.

El EBIS no es un japonés más. O bueno, quizá sí lo sea. De lo que no se trata es de un Matsuri o Sushi-Palace habitual, tan socorrido por los jóvenes ejecutivos de éxito para sus comidas de mediodía entre colegas, en una especie de ambiente Zen con tema Tokio y rollo chic parisino. En absoluto. EBIS es un sitio agradable, pequeño, y lleno de japoneses. En su carta no hay sushis ni makis, afortunadamente. Sus propietarios son una mezcla explosiva: ella japonesa, él chino. Así, han creado un sitio en el que encontrar el mix perfecto entre las cocinas orientales tradicionales.

Lo primero que llama la atención son los parroquianos. Aunque es normal encontrarse con responsables de las boutiques cercanas, porque estamos al lado de la Rue Saint Honoré, la mayoría del público son japoneses que quieren “comer normal”. Y ese es el punto del restaurante. Eso al mediodía, porque por la noche el ambiente cambia a restaurante mucho más íntimo, con velas y grandes manteles.










Vale, la foto es enana....

Como digo, está pegado a la conocida Rue SaintHonoré, un poco más abajo del barrio de la Rue Sainte Anne, auténtico bastión nipón de la ciudad, en una pequeña calle típica del viejo París, con sus casas no muy altas de fachadas inclinadas, aceras estrechas, y relativo poco tráfico. A dos pasos del Metro Pyramides, no es el sitio ideal para ir en coche, aunque hay un par de parkings cerca. Por dentro es un sitio muy claro, con unas mesas pequeñas y una distribución muy acogedora. Uno come cerca del vecino, pero sigue habiendo un poco de intimidad. Que nadie se espere tampoco la típica gran mesa japonesa con todos comiendo juntos. Esto es tradicional pero “bien”.










Es un restaurante pequeño, como la foto...

La carta incluye unos menús de mediodía a muy buen precio: 11 euros incluyendo plato, sopa, arroz, ensalada y té. Vale, la ensalada es de comer en tres “palilladas”, pero es de agradecer, y es bastante mejor que la habitual de otros japoneses. Por esos 11 euros tenemos, además, un plato bastante grande con el que llenarse, ofreciendo el menú opciones como pollo, tofu, carne, pescados, mariscos… Parece ser que el plato estrella entre el público a mediodía son las sopas tradicionales japonesas de fideos. La verdad es que dan un poco de grima, y con el calor que está haciendo ya en París personalmente no me apetecían nada, pero habrá que volver para probarlas. De cualquier forma, la especialidad de la casa es el mar, con una buena carta de pescados y, sobre todo, una langosta que venden muy bien, aunque no he probado. Además, en el restaurante ofrecen su propia cerveza. Lamentablemente, sobre todo para mí, no la probé. No me gusta comer al mediodía con alcohol si tengo cosas que hacer después de la comida, como era el caso. Para otra vez queda, pues.


















A ojos de un occidental, he visto cosas más apetitosas.

Yo pedí inicialmente el menú con el plato de tofu con buey. Terrible error: se trata de un plato sin duda delicioso y muy nutritivo, pero picante como pocos. Soy alérgico al picante, por lo que tuve que volver a pedir la carta y elegir otra cosa. Otra cosa que fue un plato de verduras con carne, muy muy auténtico. Atención, el aspecto de ambos platos era, cuanto menos, peculiar. El tofu, que es una pasta de soja con consistencia de queso fresco blandito, estaba flotando en la salsa de la carne, picada, con un aspecto bastante “rancho”. Las verduras y la carne iban cubiertas de una salsa gelatinosa brillante con un look realmente asqueroso… Pero claro, a saber lo que piensan los japoneses ante un filete con patatas, una fabada o unos garbanzos con bacalao. Y aunque el sabor de esos platos tampoco es que sea algo que me maraville como lo pueda hacer un buen plato de pasta, es todo tan puramente asiático que lo comes encantado. Con palillos, claro.

El servicio es excelente. Las camareras, todas japonesas, son una monada y muy agradables. La responsable del restaurante fue muy comprensiva con mi alergia y rápidamente me ofreció otros platos más adecuados. El Chef salió a saludar. Y todo esto con el restaurante lleno, ojo. Son muy rápidos sirviendo, además. Se ve que están acostumbrados a servir estas comidas de mediodía que van con más prisa que otra cosa. Sencillamente, un diez para ellos.

¿Algo malo del restaurante? Pues no se me ocurre, la verdad. Quizá podrían poner menos mesas y así tener algo más de sitio. O instalar unos percheros en los que dejar el jersey ahora, el abrigo en invierno. Pero lo cierto es que la comida para dos salió por 31 euros. ¿Qué más se puede pedir?

Restaurante EBIS
19, rue St. Roch, 75001 París
Tel : +33 1 42 61 05 90
Cerrado los domingos.

2 comentarios:

Delarosa dijo...

Al fin, desde que descubrí su espacio de liberación pública no había tenido el detalle de relatarnos más vivencias.
No soy amigo de la cocina oriental, una tara superable, por lo que no daré un gran uso, en principio, a esta crítica.
Pero cuando visite París de nuevo, y con tiempo para el ocio, haré una tournée siguiendo su saludable guía de vividor con estilo.

Un saludo.

Luis dijo...

El día que vaya a París, ya sé donde intetaré ir a comer, procuraré recordar de buscar este artículo.

 
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