viernes, 28 de diciembre de 2007

Me gusta conducir II, Honda S2000

Cuando hay confianza, sucede que al terminar la bajada del puerto de los Lagos de Covadonga, se para en un pequeño aparcamiento y se intercambian los coches. Eso es bueno, como bueno es lo que a continuación intentaré hacer: desmontar el mito. Permítanme que describa a continuación una prueba de un coche de forma directa. Creo que es lo menos que se merece el Honda S2000. ¿Y qué es el S2000? Par quien no esté al corriente, es el segundo deportivo verdadero que fabrica Honda en veinte años. Porque todo lo demás han sido y son versiones más o menos acertadas de coches populares, y ese no es el camino. Estamos, pues, hablando de un producto sin compromisos, diseñado y construido para decirle al mundo “nosotros lo hacemos así”. Afortunadamente.


Intemporal.

La primera sensación es de calidad, de coche grande y bueno. Y no por los acabados de las puertas o de ciertos mandos, o del túnel central, todo bastante sobrio, sino por el tacto de los asientos y del cuero. Algo tienen los grandes Mercedes, BMW o Porsche en el cuero, con ese brillo y esa solidez de todo, que te crea unas referencias. El S2000 las cumple.

La postura al volante es especial, con los brazos muy estirados, al igual que las piernas. Todo, absolutamente todo, queda a mano. Admito que esa posición puede llegar a cansar, pero mentiría si dijese que prefiero la de un Mercedes SLK, por ejemplo. Son cosas diferentes, no equiparables. Desde el volante se alcanzan a la perfección los mandos de la climatización y del equipo de audio. Eso es bueno, muy bueno, como buenos son precisamente esos mandos con ajustes milimétricos, que te permiten seleccionar correctamente la temperatura y la intensidad del aire sin quitar la vista de la carretera.


Cuadro de mandos, sólo para el conductor.

Si por algo destaca el S2000 es por su caja de cambios. A priori, acostumbrado a la excelente caja del MX5, se hace un poco “suave”. Qué le voy a hacer, siempre me han gustado las cajas duras, rugosas y sonoras. Pero claro, negarse ante la evidencia no es fácil, y si bien el tacto inicial de punto muerto a primera es un poco engañoso, lo cierto es que en marcha los movimientos son tan sumamente cortos que los cambios se suceden a un ritmo impresionante, hasta el punto de tener que concentrarse en saber en qué marcha se circula cuando no se conoce bien el coche. Y digo esto porque, una vez conocido, de nada sirve saber la marcha precisa en la que circulamos. ¿Por qué? Porque el mito que rodea a este coche es sencillamente falso. Uno va en la marcha en la que vaya, y los números dejan de existir.

Arranco el coche mediante el botón situado a la izquierda del volante. Rojo, como deben de ser todos los botones importantes. Es un buen botón. La salida es sencilla, aunque curiosamente después lograse calarlo dos veces seguidas en otra parada. El único secreto en la conducción es no acelerarlo en exceso en las curvas. No hay otra. Ya en marcha, la cercanía de un túnel me pone en alerta. Mi amigo acelera en vacío mi coche, con un resultado modesto pero agradable. Yo hago lo propio con el S2000. ¿Siete mil vueltas? Chorradas, lo subo hasta pasadas las nueve mil, el Do de pecho. Ovación. Y continuamos con la ruta.



En marcha el coche se muestra como lo que es: un deportivo auténtico con una buena cifra de potencia, unos 240 caballos. La dirección es extremadamente directa, el coche va sobre raíles y no cabecea en ningún momento. La frenada es… como uno se espera: buena. De cualquier forma, la ruta no obliga a grandes frenadas y yo no soy un conductor de destrozar los frenos. Los adelantamientos se hacen obligatorios, y se basan en un juego de tercera y cuarta velocidad. En realidad, en toda la ruta no siento necesidad de pasar a quinta, y todo por culpa del falso mito que rodea al coche. Vamos con ello.

De siempre se ha dicho que el S2000 tiene un motor demasiado puntiagudo. Es decir, que exige llevarlo siempre alto de vueltas para que podamos disponer de la potencia necesaria. Es cierto, las cosas como son, pero quienes aseguran eso, y quienes consideran que no es un coche fácil de exprimir debido a ese motor que tiene, o nunca lo han conducido, o comenten un error de bulto. El error de mirar el cuentarrevoluciones como si se tratase de un coche normal, de esos que se llevan en carretera de forma natural entre las 2.500 y las 4.000 vueltas, dejando los picos para momentos excepcionales. Así, con esa visión limitada y condicionada por la experiencia previa, es normal que pensemos que un coche que sube hasta las 9.000 rpm exige concentración para llevarlo siempre alto. Nada más lejos de la realidad.


Las revoluciones... ni la Francesa. Omitan la velocidad.

Si en el cuentarrevoluciones del S2000 cambiásemos la escala por una falsa, nunca se dirían esos tópicos. Si en lugar de ir las cifras de mil en mil, fuesen de quinientos en quinientos, creeríamos estar ante un motor de muchos más cilindros, de esos capaces de circular por ciudad a menos de mil vueltas sin ningún tirón. Porque el S2000 circula a bajo régimen como cualquier coche, pese a quien le pese.

La realidad es que, en carretera, circulamos con total normalidad con el motor a mitad de régimen de funcionamiento: a 4.500 vueltas. No hay quejidos, ruidos extraños, o necesidad de meter una marcha más y “bajar el volumen”. En absoluto. 4.500 son realmente 2.200 de cualquier otro tetra-cilíndrico, y la subida de vueltas hasta el corte es tan homogénea y tan rápida que, en realidad, no existe esa sensación esperada de motor eterno que nunca deja de subir de vueltas. Y no existe hasta el punto de que, en segunda, resulta muy sencillo “terminarse el motor”.


Es más que bonito. Tanto como la foto, que ya van dos veces que la pongo...

Así, desmontamos esa creencia popular de coche complicado. Y, sin embargo, confirmamos la realidad del S2000 en cuanto a su manejo “bipolar”: de la misma forma que circulando despacio podemos manejar el motor como en un coche “normal”, cambiando de marcha antes de las cuatro mil revoluciones por minuto y no obteniendo, por tanto, demasiada potencia del motor, también podemos circular a toda velocidad sin mayor dificultad que la que pone la propia configuración del coche en sí, con su tracción trasera y la ausencia de controles electrónicos. Tan sólo conviene cambiarnos el chip del cuentarrevoluciones y guiarnos no por los números de éste, sino por su indicador digital. Así de sencillo.

La ruta se termina. No conozco la carretera, y de noche prefiero no apurar en exceso los adelantamientos, lo que me lleva a abortar uno doble y preferir meterme entre el coche que acabo de sobrepasar y la furgoneta que le precede. Eso parece no sentarle nada bien al conductor del coche, que me premia con luces, bocina y aspavientos con las manos. Sigo pensando que mejor llevaba las manos en el volante y se concentraba en lo que viene por detrás… o quizá es que le he despertado con el ruido del escape, que podría ser. De todas formas, no pasan 10 segundos hasta que veo un nuevo hueco y salgo disparado a adelantar a la furgoneta. Vertiginoso adelantamiento, y de la misma forma que lo hago en tercera, sé que podría hacerlo saliendo desde cuarta. Otra vez desmontamos ese mito, según el cual este coche no tiene motor por debajo de las 5.000 rpm. Todo mentira, y más si quien lo dice conduce “deportivamente” un compacto diesel de menor potencia (aunque le duela).



Al llegar de vuelta a Cangas de Onís, me doy cuenta de lo mucho y bien que anda el Honda, y de lo mucho que anda también mi coche. Y es que cuando lo ves desde detrás, y encima desde un coche con más del doble de potencia, la sensación es diferente, se le ve rápido y ágil. ¿Se me verá así a mí? La verdad, no me importa. Buscando aparcamiento decido llevarlo en primera, aunque sólo sea por el ruido. No hay tirones, no hay borbotones extraños, y el tamaño compacto del coche hace muy sencilla la circulación. Aparco y pongo la capota. Me ha gustado, y mucho.

Y dicho lo cual, me quiero comprar un Porsche Boxster. Buenas tardes y hasta el año que viene.

3 comentarios:

mdbkr2003 dijo...

Interesante el relato / prueba (refiriendome a esta entrada y la anterior), lo he leido con cierta sana envidia.
Me apunto la ruta para mis próximas vacaciones.
Gracias.

Anónimo dijo...

Estimado Sr. Vickerman, que sepa Vd. Que su blog ha sido uno de los mejores descubrimientos del 2007; soy un fiel seguidor suyo desde los tiempos es.charla.motor ( snif., que tiempos…. ), su forma de entender, retratar y escribir sobre la asquerosa sociedad en la que nos ha tocado vivir es simplemente: CHAPEAU.

P.D. De mayor quiero ser como Vd.

P.D. ( II) Durante el 2008, seguiré leyendo su blog desde el trabajo……

emmanuel dijo...

8v o 16v???? ponme la dos.

 
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