viernes, 4 de enero de 2008

Un utilitario utilizado útilmente.

No será la primera vez que hable sobre la utilidad de las cosas, y ese sentido general que se le suele dar al término, no dudando en calificar de inútil lo que no se ajusta a él. El caso es que ciertos productos no sólo pueden ser perfectamente válidos, sino que a la larga se acaban mostrando como lo ideal. Tal es el caso de uno de los vehículos que tenemos en casa. Y es que cuando se compró, la opción barajada por la mayoría de conocidos pasaba por un típico Golf TDI. De hecho, incluso un familiar en circunstancias relativamente parecidas se lo compró. En el momento en el que el coche fue presentado, todo el mundo coincidió en lo mono que resultaba, pero solían callarse como perros acerca del servicio que aquel auto podría llegar a dar.

El coche era un Peugeot 206cc, en motor de gasolina y con cambio automático. Partiendo de la base de que la idea generalizada en España no pasa por otra cosa que no sea motor de gasoil, para ahorrar, y cambio manual, para sentir la conducción, por no hablar del hecho de ser descapotable, podrán comprender el punto de estupefacción global alcanzado. A día de hoy, con algo más de cinco años de edad y algo menos de 30.000 kilómetros en su marcador, algunos siguen sin aceptar la realidad: aquella compra fue perfecta. Pero no lo explicaré sólo por esos fríos datos. Permítanme que me extienda.



Y es que, si bien sobre el tema del motor de gasolina queda todo dicho a la vista del kilometraje, la caja de cambios automática suponía tan sólo hace cinco o seis años una novedad, una especie de herejía o contraindicación, algo inexplicable, y mucho más en un coche tan pequeño y de un supuesto (muy a poner en duda) carácter deportivo. Lo cierto es que su usuaria habitual admite sin pudor no saber conducir un coche manual, y fundamentalmente no tener interés alguno por aprender. Alguno habrá que la critique, alguno habrá que hable de inutilidad, e incluso alguno se sentirá ofendido. “¡Por Dios, si eso es no saber conducir!” Por mí, pueden meterse sus lenguas en sus respectivos orificios anales, porque lo cierto es que el coche se muestra ideal con esa caja de cambios, bien sea para viajar, o bien sea para los trayectos urbanos e interurbanos que habitualmente recorre. Y este es uno de los puntos por lo que el coche es, para nosotros, el utilitario perfecto. Poder ir de un sitio a otro sin ninguna preocupación y conduciendo de forma más eficiente que muchos de aquellos “hábiles” que tanto criticaban y aún hoy critican. Sin errores en los cambios, con agilidad y “pasando” de algo que supone una molestia, se mire como se mire, en este tipo de coches. ¿Qué tiene de bueno la caja manual de un Peugeot 206 básico? Evidentemente nada. A mí ya no me engañan.

Su facilidad de conducción es tal que, como era de esperar, tuvo que verse acompañada por un toque de gracia, de confort, de lujo. Y es que, aunque al igual que la caja automática, la tapicería de cuero no fuese algo estándar ni mucho menos imaginable en España para coches pequeños por entonces, el plus de gusto que aporta es imprescindible. He de decir que los asientos del 206cc siempre me parecieron magníficos, más teniendo en cuenta el tipo de coche del que hablamos y su precio. El hecho de sentarse sobre algo que no “huele a perro”, con un tacto acogedor, acompañado por una climatización no muy efectiva, todo sea dicho, pero perfectamente válida… ¿qué más se puede pedir?



Algunos pedirán plazas traseras, y yo responderé: las tiene. Cuando oigan a alguien decir que este coche, como otros del mismo tipo, es exclusivamente biplaza, pueden reírse en su cara directamente, sobre todo si lo hacen de mi parte. Yo puedo decir que sé lo que es un coche biplaza, voy por el segundo ya. Biplaza significa que no hay nada donde poder acomodar a alguien más, punto. Que sólo hay dos asientos. El 206cc tiene unos muy pequeñitos detrás, que cumplen su función de forma adecuada en toda circunstancia. Quien lo niegue, no sabe de lo que habla. Y dado que el coche es usado habitualmente por una sola persona, dos a lo sumo, y aunque en alguna ocasión se hayan llenado los cuatro asientos, no hay nada que justifique el disponer de más espacio detrás. Porque lo que si hay es algo que justifica esa falta de espacio.

El día está despejado y no hace un frío extremo. El trayecto es corto, sin ninguna necesidad de correr. No hay prisa y la carretera no invita a ello. En el mismo parking arrancamos el motor, y con total naturalidad soltamos los enganches del techo. Mantenemos pulsado el botón, ese magnífico botón, y una vez bajadas las ventanillas se abre el capó del maletero y el techo se retira, plegándose hasta quedar perfectamente oculto. Una señal discreta nos avisa de la finalización de la maniobra.



A día de hoy, todo ese proceso se siente un poco anticuado y superado por los recién llegados de este tipo de coches. Nada grave. El proceso lleva cinco años funcionando como el primer día, sin ningún tipo de problemas, y el resultado final es lo que importa. Aquello por lo que hemos renunciado a dos cosas que nunca nos iban a ser necesarias: plazas traseras más grandes y la posibilidad de abatir los asientos para convertir el coche en una pseudo-furgoneta, el horror. Y salimos a la calle con el cielo por techo, disfrutando del trayecto con tranquilidad y serenidad, como pasaría con un coche “grande”.

La diferencia es que este 206cc se aparca en cualquier sitio sin riesgos ni histerias por su capota metálica, tiene un maletero más que suficiente (por no decir grande) con la capota puesta, se maneja sin preocupaciones de tamaño, paga poco impuesto, sus ruedas no son desproporcionadas, su mantenimiento y consumo resultan indiferentes a la vista del kilometraje anual, y aunque haya costado una cifra excesiva para un “utilitario”, tampoco hablamos de un coche carísimo.


Se aparca en cualquier sitio, sí.

El utilitario perfecto es aquel que, sin dejar de ser un utilitario, cumple a la perfección con todas las necesidades de uso de sus conductores. El 206cc lo hace como no lo habría hecho ningún otro en el momento en el que se compró. A día de hoy, siempre y cuando estemos dispuestos a renunciar a nuestra dignidad estética, un Mitsubishi Colt o un Nissan Micra cc lo harán también. Yo quizá prefiera el nuevo 207cc, aunque todo sea dicho, en realidad lo que prefiero es mi MX5. Pero no es un utilitario. Seguramente el Mercedes CL63 AMG de mi vecino le sirva para todo y le sea muy útil, pero tampoco es un utilitario.

Peugeot 206cc 1.6 automático. Costó menos de lo que aportó. Y le quedan años siendo igualmente válido. Pese a todo, su dueña quiere cambiarlo.

1 comentario:

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