miércoles, 28 de noviembre de 2007

Hotel Vincci Capitol, Madrid: otro más

Hace años, durante unas vacaciones de Semana Santa en Inglaterra, por fin pude conocer el hotel que era mi sueño desde hacia ya tiempo. Diseñado y equipado por Philippe Starck, el Hotel Sanderson se convirtió desde su inauguración en el referente de esa tendencia emergente llamada boutique-hotel, y ahí sigue. Paredes en cuero “capitoné” de tonos brillantes con iluminaciones invisibles. Grandes cortinas pesadas junto con ligeros visillos blancos. Materiales fríos como el plástico transparente, el cristal o el acero, junto con terciopelos y otros tapizados calurosos. Lámparas de lágrimas con moquetas oscuras y luces auxiliares en el suelo, o en sitios insospechados. Y todo ello con alguna pincelada de muebles de diseño clásico, fuese en estilo Luis XV o puro Art-Decó, sin olvidar los dorados o alguna pieza de vanguardia. Mezclas a priori imposibles, como imposible parecía hacer un hotel sobre un edificio de oficinas de una empresa japonesa. Pero el resultado triunfó, y de hecho sigue triunfando.

Pero la democratización de esos diseños trajo consigo una proliferación de hoteles “Sanderson wannabe”, incluso en los lugares más insospechados. Cadenas hoteleras conocidas intentaron incluso apropiarse del estilo y proponerlo como imagen corporativa, como esos Barceló, AC o NH Selección que tanto presumen de sus boutique-hotels recién inaugurados. Encontrarse esas piezas y estilos tanto en Londres como en París, como en Albacete, Oviedo o Tordesillas ha pasado a ser algo habitual, y a la gente le sigue sorprendiendo. Lo siento por todos ellos, a mí ya nada de eso me puede sorprender. De hecho, no me sorprende desde aquellas vacaciones de Semana Santa. Si eso me gusta, nada más.
















El de verdad, Hotel Sanderson.

El pasado fin de semana tenía algunas cosas que hacer en Madrid, y el hotel elegido fue el Vincci Capitol. Todo lo que pueda ser decoración y opiniones propias al respecto ha quedado dicho en los dos primeros párrafos del artículo, pues es perfectamente aplicable, pero lo resumiré con un: “sí, es todo muy bonito, vale”. Creo que he perdido la ilusión por estas cosas, o quizá tanta oferta me la haya hecho perder. Perdón, tanta mala oferta, porque cuando además de ese producto tienes un servicio y unas calidades al nivel de los grandes hoteles palace del mundo, la ilusión vuelve y uno queda maravillado. Cuando el servicio es uno más y el valor añadido se desvaloriza, uno sale de ese hotel con ninguna gana de volver. Y no lo digo porque mi estancia haya sido mala, en absoluto, sino porque con tantas otras opciones, me estimula más conocer un sitio nuevo que volver allí a ver lo que ya conozco y que ni siquiera es original.

Tenía reservadas dos habitaciones dobles de uso individual. Una llamada sirvió para asegurar el ya clásico upgrade a habitaciones de categorías superiores, siendo la mía una de tipo Ejecutivo, nombre que entiendo como convencional, porque lo que es facilidad de trabajo, en esa habitación poca había. La llegada no fue sencilla, ya que inexplicablemente, y pese a ser un hotel recién renovado, no hay un sitio al que aproximarse con el coche. Y quedarse parado en plena Gran Vía madrileña sobre un carril Bus no es nada apetecible. El edificio es de sobras conocido de las calles madrileñas, con su gran luminoso publicitario de Schweppes. Una cuña art-decó forrada en mármol, con formas redondeadas y tonos blancos y negros es, desde luego, algo singular en lo que hacer un hotel singular. Quizá si hubiesen reservado un hueco en la acera de la calle posterior para el acceso, la primera impresión habría sido mejor. Y es que siempre he creído que a los hoteles la gente no suele ir andando, sino como mínimo en taxi. Lo del aparcamiento queda perdonado por la configuración del edificio y la idiosincrasia de Madrid, aunque también resulte molesta su ausencia.
















Las zonas comunes resultan… comunes. Habrá quien se sorprenda y maraville con la recepción o los pasillos. No es mi caso, aunque sí me gustaron sus ascensores panorámicos, así como la escalera. Pero sí hay dos atracciones más que interesantes, además de gratuitas: el solarium y el mirador, situados en las plantas 7 y 9, respectivamente. Las vistas que desde allí se tienen son impresionantes, dominando todo el cielo de Madrid, desde el Palacio Real hasta los nuevos rascacielos tras las torres Kio. En verano, con buena temperatura, ha de ser una gozada aún mayor.































El hotel pone a disposición de los clientes un Spa privado. Y digo privado porque se alquila por horas para un máximo de tres personas. No tuve oportunidad de verlo, pero ya aviso que no hay una piscina de Spa al uso, sino una gran bañera de jacuzzi, además de sauna, duchas de hidromasaje, etc… 60 euros la hora no parece un precio elevado si se comparte, y considerando que se trata de Madrid. Mi experiencia previa en este tipo de Spas no me hace recomendarlo con los ojos cerrados, por lo que seré prudente y no lo haré.
















Pasando a la habitación, como dije la mía era de tipo Ejecutivo. Se supone que ofrece más espacio, y lo cierto es que se veía de una amplitud conveniente. Temo, pues, que las habitaciones Standard sean demasiado pequeñas. En mi habitación, dos camas juntas hacían las veces de una cama king-size, sin conseguirlo. Es algo que nunca entenderé. Los materiales no parecían malos, pero saltaba a la vista que la habitación no había sido verificada por una gobernanta. Tratándose de un 4 estrellas, lo dejas pasar, pero sin olvidarlo. Y es que un visillo mal colgado, la tele algo sacada de su sitio, y otros detalles… están ahí cuando entras, y a mí desde luego me llaman la atención. Imagino que tendré que ir curándome de esa “enfermedad”.
















El cuarto de baño de mi habitación era amplio para una persona, no para dos. Sigo sin entender esa manía por poner un solo lavabo, salvo por el ahorro de espacio, que no es un motivo despreciable. El aseo de la otra habitación era eso, un aseo. Una ducha de buen tamaño, pero nulo espacio para ponerse el albornoz. Una ducha, por cierto, que no aguantó un uso sin perder estanqueidad, dejando que el agua llegase incluso a la habitación. Eso sí, la presión del agua y su temperatura eran perfectas, como debe de ser. Además, todo tipo de complementos estaban disponibles en el baño, incluyendo kits dentales, kleenex, desmaquilladores, etc… Y eso es algo que no todo el mundo da.





















En temas de diseño ya lo he dicho todo. Sobre calidades, lo cierto es que todo se aprecia un tanto “falsete”. Sin embargo, no puedo decir que las habitaciones fuesen incómodas, si reducimos el confort de una habitación a la cama, que es algo que se suele hacer. Las camas eran muy cómodas, faltaría más. Yo sigo siendo fan de las habitaciones enmoquetadas, o al menos con alguna alfombra, pero pese al frío exterior que ya entraba por los ventanales cerrados, la habitación resultaba cálida, sin que esa sensación dependa en exceso de la calefacción propiamente dicha. Un detalle incomprensible es la ausencia de una mesa de escritorio, como sucede en muchos de estos hoteles. Debe ser que estropea la imagen, pero cuando se va con un ordenador o para quedarse varias noches, apetece tenerlo. Además, dado que el wi-fi no funciona en las habitaciones, uno ha de conectarse a Internet mediante un cable de red, pero la toma está tras las butacas, junto a la puerta del cuarto de baño. Imposible, pues, tumbarse en la cama con el ordenador. ¿Qué sentido tiene eso?




















Vista desde la habitación.

La noche pasó correctamente, sin mucha molestia de ruidos de la calle, pese a los grandes ventanales. El desayuno, servido en un comedor contiguo al (muy bonito) bar Reims, me pareció agradable y completo, con un buffet bien surtido y mejor presentado, con productos de una calidad acorde con la categoría del hotel. No puedo hablar del buffet salado, pues no me apetecía nada en aquel momento, pero el dulce era muy honesto. La variedad era destacable considerando el precio de todo.





















Y llegó el momento de salir del hotel. Qué pena… por una puerta cerrada, lo que debería de haber sido una salida tranquila y agradable se convirtió en una molestia, teniendo que dar la vuelta al hotel para sacar las maletas hasta el coche. ¿Botones? Desde luego que el que nos recibió a la llegada no estaba para la salida. Siempre digo que la salida marca mucho las opiniones de los clientes, y en este caso así es. Pero bueno, tampoco es que sea una tragedia.

¿Volver a este hotel? Sinceramente, no. Y no porque ya lo conozco, y con la oferta actual de hoteles atractivos en Madrid, no veo ninguna razón por la que volver. Es bonito y se duerme bien, pero… ¿no es eso precisamente lo que ha de hacer –como mínimo- un hotel?

¿Recomendarlo? Ni sí ni no, sino un “¿por qué no?” Claro, si alguien quiere conocerlo y ver el edificio, que vaya. No va a encontrar nada que no encuentre en otros hoteles del mismo tipo y categoría, que generalmente tienen el mismo precio, pero tampoco se va a sentir mal atendido o incómodo, y desde luego que si no se tiene mucha experiencia con estos diseños, el hotel resulta espectacular. Yo, para la próxima, me buscaré otro sitio, y luego escribiré algo en algún blog.

Hotel Vincci Capitol, en plena Gran Vía y desde unos 130 euros por habitación. Uno más.

6 comentarios:

Juanjux dijo...

Muy bonito. Y no digo el hotel sino lo de venir y no avisar para tomarse una cerveza.

Andrew Vickerman dijo...

Fui acompañado y sin tiempo. Una pena, en ese sentido. Y al día siguiente a las 8 salí camino del aeropuerto. Imposible.

countach dijo...

A ver ese forochat!

Andrew Vickerman dijo...

Se dice Blogochat. Mándeme la info por privado, up.

Hipertrofio dijo...

Estuve en ese hotel a primeros de Julio para pasar una noche con mi novia tras ver el musical de Mecano y la verdad es que me pareció lo mismo que a usted... Me gustó, pero no como para volver. De he hecho he estado otras 4 ocasiones pasando noches en hoteles madrileños y no he vuelto a ir a el. He visitado el Petit Palace Alcalá Torre, el Quo Puerta del Sol y el Vincci 66 (que me gustó más). A ninguno he vuelto, aunque por situación por los sitios a los que suelo ir me quedaria con los 2 primeros (justo saliendo de la parada Sevilla de metro)
Tengo ganas de conocer el Room Mate Laura, tiene buenos precios, habitaciones grandes y está en una buena zona. Las fotos de la web invitan a ir, aunque despues de tanto hotel ya he aprendido la lección de que "las fotos engañan" y mucho.

Saludos!

Monica dijo...

estoy en un hotel en buenos aires por unos días y luego me voy para Madrid.. todavía no reserve nada.. es accesible ese hospedaje? parece muy lindo

 
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