domingo, 2 de septiembre de 2012

Discovery Turbo

“Lo mejor fue cuando se derrumbaron los edificios…”

Tiendo a recordar frases de escenas de programas de televisión o películas. Desde bien pequeño, cuando llegué a saberme casi por completo el guión de Superman. Esta frase con la que abro el artículo la pronuncia Bart Simpson en un capítulo en el que sale viendo un programa de televisión dedicado al derrumbe de edificios. Demoledor (valga la redundancia), en esta ocasión el guionista quiso dejar claro, aunque fuese veladamente, que la inteligencia de Bart y de Hommer es escasa. ¿O quizá estaba retratando a la televisión americana y a sus espectadores?

Discovery Bruto

Estoy seguro de que todos ustedes recordarán la primera vez que vieron algún show norteamericano. A mí me resultaba incomprensible que las escenas durasen escasos diez minutos antes de pasar a publicidad, y que los primeros dos minutos de la siguiente escena se dedicasen a recordar lo que había pasado antes. ¿Cómo alguien habría podido olvidar lo que acababa de ver? O las pausas publicitarias eran enormes, o la gente veía la televisión sin prestar la más mínima atención, o eran programas enfocados a televidentes totalmente descerebrados. Seguramente fuesen todas esas cosas a la vez. Y son todos así, no se salva ni uno. Incluso en Top Gear han llegado a caer en esa humillación que supone recordar al telespectador lo que se ha emitido hace un cuarto de hora.

Pero la palma se la lleva Discovery Turbo. Desde que me he mudado a mi nuevo apartamento en Yangon, además de ganar en espacio, vistas y una supuesta privacidad, también he perdido en servicios y en televisión. Porque sí, tengo centenares de canales, pero han dejado de existir en mi televisor la BBC y la ESPN, y esa es una gravísima pérdida. Así, parece que lo único visible a día de hoy es Discovery Turbo. Todo mentira, tengo películas y muchos otros canales, incluyendo uno del parlamento birmano llamado Hlutaw TV, en el que siempre están en pruebas y siempre salen muchos señores vestidos de blanco sentados en una sala enorme. Pero uno acaba viendo Discovery Turbo, canal dedicado a los aficionados al mundo del motor, especialmente a aquellos que han perdido toda capacidad de raciocinio y sólo quieren entretenerse frente a la tele mientras devoran tacos e ingieren litros de cerveza. Digo yo, vamos.

El canal Discovery Turbo se resume en una programación 50% programas, 50% autopromoción de sus programas. No hay publicidad, cosa que no considero buena pues a mí me gusta ver anuncios (no digamos ya los birmanos, que dan para un blog completo). Sucede que ver tantísimas veces el mismo anuncio de programación en el que Vicky Butler Henderson (Fifth Gear) simula una especie de relación sexual a la que puntúa con un 9, mientras el dueño de Meguiars dice “this gonna blow y’away”, o aquel en el que Wayne Carini dice “seven sixty” refiriéndose a setecientos sesenta mil dólares como puja en una subasta de un (insufrible) coche clásico americano… cansa. Y cansa mucho. Pero al final acabas viendo ese canal, que paso a desmigar para aquellos que no han tenido la oportunidad de disfrutarlo.

Vicky

Básicamente en el canal se emiten dos shows de manera constante: American Hot Rod y American Chopper. El primero es un reality-show filmado en el taller del difunto Boyd Coddington, en el que construyen hot-rods a base de chasis de doble larguero, motor tocho delante (o fuera del coche), carrocerías de fibra y volantes ridículos, aderezado con pinturas molonas. En este show, en el que permanentemente están en el límite del plazo para entregar ese coche (de los demás que se ven en el taller no sabemos nada), Boyd Coddington daba muestras de cómo no llevar una empresa y de cómo no dirigir un equipo. En realidad, es un programa bastante instructivo. Al final, acaban el coche. En él sale una especie de cadáver barbilampiño que da bastante cosilla y lleva siempre la misma gorra roja puesta. De hecho, todos llevan gorra y (excepto el cadáver) tienen perilla. Aviso, con “el cadáver” no me refiero al Sr. Coddington, quien lamentablemente falleciese allá por el año 2008 por una complicación de su diabetes crónica., sino a un empleado del taller. Para aquellos a los que no le suene ese nombre, digamos que en su taller empezó a trabajar un tal Chip Foose, y si han visto cosas de los ZZ-Top, han visto coches de Boyd.

 Cadzilla, de Coddington

El otro programa es exactamente lo mismo, pero con motos chopper, que son esas basuras ridículas e inconducibles que tanto gustan a los americanos profundos. Aquí ya estamos más actualizados, al menos en el Discovery Turbo emitido en Asia, y rondamos el año 2011, en el que Paul Senior y Paul Junior (padre e hijo) se han enfadado y trabajan por su cuenta construyendo truños con horquillas enormes, ruedas ridículas y nulas suspensiones traseras, mientras se critican mutuamente. Toda una muestra de “cómo no hacerlo”, con una gestión basada en la improvisación y en nada más. Desde el diseño a la construcción. Sorprende que no se parta en dos ninguna de esas motos nada más sacarlas del taller. Resulta pues muy instructivo también.

Paul Senior

Alrededor de estos dos programas, tenemos al bueno de Wayne Carini vendiendo y comprando coches en subastas. No he visto muchos programas, pero básicamente nunca vende al precio que esperaba obtener, y todo lo que compra se lo termina quedando porque no hay quien lo venda. Un éxito, ciertamente. También aparecen “los chicos de Trick my Truck”. En realidad el título del programa no incluye lo de “los chicos”, pero me apetecía ponerlo, da mucho más ambiente decirlo. En este programilla, un grupo de gordos en bermudas grandes y con perillas fabulosas localizan al dueño de una chatarra de camión, se lo quitan y lo tunean. Los trabajos de pintura son espectaculares, todo sea dicho, pero todo lo demás es de vergüenza ajena. Desde el guión con brainstormings pre-escritos a los gritos y los “yeaaahh” que expelen todos al enseñar el producto acabado. Es una especie de “Esta casa era una ruina”, pero con camiones y mucho colesterol.

 Trick my truck, yeaaahh

Otro programa famoso es Overhaulin’. En él, el presentador le roba un coche cochambroso a alguien, dos actores se hacen pasar por policías y hablan con la víctima, una presentadora que está tremendísima lee un guión sobre la intrascendente historia de la cosa americana automovilística que van a tunear, y Chip Foose sale dibujando con una habilidad acojonante. Al final, restauran el coche, lo tunean a lo moderno, y se lo entregan al dueño. Todos los episodios son exactamente iguales, pero es gracioso ver a Chip Foose y esa pinta que tiene, así como de enano pero en tamaño grande (muy curioso). No se me enfaden los fans de Chip, a mí es un tipo que me cae muy bien y agradezco que tenga un aspecto normal. Todo lo contrario que la gente de West Coast Customs. Y es que parece ser que en Estados Unidos, excepto Jim Glickenhaus, y Jay Leno, los aficionados a los coches raros han de ir con esas bermudas negras enormes, calcetines, camisetas negras, gorras caladas y centenares de tatuajes por todas partes.

Chip Foose

Si hay algo que resulta curioso en esta cadena, además, es ver a la gente fumando y bebiendo en televisión. ¡En una televisión norteamericana! La verdad es que resulta muy chocante, pero no se cortan un pelo y ahí que salen todos fumando sin parar en el trabajo. Imagino que, dado que son “diferentes”, pueden hacerlo. No termina de convencerme.

 El de West Coast Customs y su nombre impronunciable, a la derecha

De vez en cuando ponen unos programas aburridísimos sobre barcos o aviones, cuando no una especie de reality sobre competiciones cutres de autocross y señoras teñidas mirando a sus maridos con bigote correr en ellas, así como el programa de Barry Meguiars en el que sale vestido igual que Raphael presentando tuneadas dignas del aparcamiento de la Discoteca La Pista (bueno, a veces salen cosas muy curiosas, sobre todo si se va a Europa). No debemos olvidarnos de una emisión de tres o cinco minutos llamada La vida secreta de la Formula 1, grabada en la temporada 2008, que emiten para rellenar huecos al terminar cada programa. Sería muy interesante si no fuese por dos motivos importantes: está todo ya anticuado en cuanto a novedades, y sólo tiene algo así como diez capítulos distintos, que repiten y repiten sin parar. Pero al menos salen hablando Patrick Head y Nigel Mansell, entre otros.

Y es entonces cuando emiten, de repente, cuatro o cinco programas ingleses independientes, entre los que se encuentra la cutrez televisiva de Fifth Gear. Sí, no me duele calificarlo como cutrez televisiva, pues pese al evidente presupuesto, las pruebas son irrelevantes y aburridas (y muy cortas), y los presentadores sobreactúan a niveles estratosféricos, influenciados por ese tono de voz afectadísimo que tiene Tiff Needell (todo lo que tiene de grandísimo piloto, lo tiene a veces de pesado). Pero tranquilos, también está Wheeler-Dealers para confundir a la gente sobre lo fácil/difícil que resulta la restauración de un coche, un programa con Vicky Butler Henderson, de nuevo, en el que reconstruyen coches de desguace y los venden como si fuesen buenos (curioso ver estafas en televisión), un tal Chop-Shop en el que un par de chalados hacen tuneadas a base de chapa… y lo único que merece la pena, que es un programa independiente sin título llamado algo como A …… is born, en el que un tipo realmente simpático muestra cómo construir tal o cual coche. A día de hoy, en la emisión asiática, están reconstruyendo un Land Rover Defender desde cero, una maravilla.

Chop Shop

Viendo este canal uno llega a la terrible conclusión de que buena parte de los norteamericanos son unos descerebrados (bien a tiempo completo, bien sólo cuando ven la televisión), con sobrepeso, con perillas enormes, vestidos con bermudas muy grandes y calando gorras hasta las cejas, tal y como ya he dicho. Y eso es bastante triste, la verdad. No se confundan mis lectores, a mí la pinta que lleve cada uno me trae sin cuidado, pero esos aspectos me resultan tan curiosos como ridículos. También se acaba teniendo la impresión de que restaurar y tunear un coche es una tarea sencillísima, y eso es un peligro tremendo para cualquiera que esté pensando en comprarse un coche diferente. Pero vamos, que yo seguiré poniendo el canal 52 para pasar el rato con coches de fondo. A falta de pan…

Discovery Turbo. En la emisión asiática tienen un programa indonesio sobre tuning que es verdaderamente de morirse de risa, siempre y cuando se tome con humor. Cosas más ridículas, imposible.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Conde!
Me gustaría charlar contigo, ya que casualmente soy hotelero también, de Asturias y me han hecho una oferta para trabajar en Luang Prabang, por lo que estaría agradecido si me puedieses contactar y dar algún tip o compratir impresiones de tu estancia por allí. Este es mi email:antonaya80@hotmail.com. Espero tu respuesta. Un saludo.

 
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