jueves, 7 de mayo de 2009

The Driving World

Si es que estoy hecho un desastre. Porque una cosa es no tener actualizado el blog, algo justificable en parte por mi cambio de residencia, pero otra es tener pendiente un artículo desde finales del mes de octubre del año pasado, y seguir así.

Espero que me sepan disculpar… Será la cama esta que compré tras devolver una de IKEA (muy bonita pero mala, lo que se dice mala, mala). O será que cada día descubro cómo se desmorona mi vida. En serio, es terrible. Imagínense, me pierden las gafas de sol en la máquina de rayos X del aeropuerto de Copenhague, se me rompen las chanclas, encuentro un agujero en mis vaqueros favoritos… ¿Qué será lo próximo? ¿Quedarme sin papel de cocina? Pues no, lo último va a ser una pre-gripe que me está dejando todo el día encamado. O sea, que es culpa de la cama.















Ahí quedaron... panda de delincuentes...

Como les he querido contar desde hace tiempo, allá por finales de octubre tuve la ocasión de participar en una de las rutas que organiza una empresa llamada The Driving World. Esta gente dicen ser la primera red social de propietarios de vehículos de alta gama, y se dedican a la organización de eventos para que éstos puedan disfrutar de sus coches, conocer sitios, hacer rutas, hacer amistades, y todas esas cosas tan bonitas que suceden cuando te juntas con gente con tus mismos intereses. Bueno, este párrafo me ha quedado realmente cursi, así que me permitirán que añada que son buenos amigos míos, y que saben lo que hacen y lo que quieren: huir de la pompa y boato de otras concentraciones de coches basadas más en lucirse que en disfrutar. Y es que aquí se viene a conducir.














En petit-comité

La idea es hacer un fin de semana con dos noches en hoteles pequeños, discretos y de decoración y gastronomía cuidadas, lejos de grandes urbes y, por tanto, de grandes aglomeraciones, con actividades durante el día como pueden ser rallyes de regularidad, rutas deportivas, visitas a pequeños museos o sitios pintorescos, etc…

En mi caso, la salida se llamaba Ruta de los Quesos, que partiendo de Oviedo nos llevaba por carreteras reviradas hasta Cabrales, con visita al museo del queso, para vuelta a Cangas de Onís, ciudad en la que se cenó, se salió, y por la mañana se visitó, incluyendo el mercado popular, altamente recomendable.














En ruta

Los hoteles elegidos fueron el Castillo del Bosque La Zoreda, un cinco estrellas que se inauguró, de hecho, de cara al evento, y el Parador de Cangas de Onís. Dado que yo iba en calidad de invitado, y que actualmente vivo en Asturias, a gusto me quedé en mi casa. No obstante, ambos hoteles son buenos conocidos míos, y si bien el Parador requiere urgentemente de una (o dos, o tres) actualización, estoy seguro de que colmaron las expectativas de los participantes. Y vaya participantes… No me voy a poner a hablar de las personas, todas tan agradables y simpáticas como maravillosamente anónimas, pero desde luego que el parking del primer hotel tardará en volver a verse como se vio aquella noche.














Para venir con el camión remolque...

La jornada del sábado se anunciaba excitante, tanto por la ruta como por las condiciones climáticas. Y es que Asturias nos despertaba con su típico cielo cubierto, las nubes bajas, y una llovizna constante que, durante algunos momentos, se transformó en diluvio. Pero como esta región es así, en plenos Picos de Europa lucía un sol radiante, lo que propició que algunos participantes pudiésemos descapotar, aunque fuese por poco tiempo… Así, camino del restaurante por fin pude adelantar a Jesús y su Ferrari 360 Spider, parado en la cuneta poniendo la capota a toda prisa mientras volvía a arreciar la lluvia. Yo preferí seguir descapotado.

La lluvia, el sol, las curvas, el otoño… la subida al Fito, auténtico circuito de competición (la carretera está adornada por un magnífico doble guardarraíl en la mayoría de las interminables curvas), se hizo bastante complicada. Y es que mover por ahí coches de dos metros de ancho y no menos de 400 caballos no es algo que se haga a diario. Los Lotus se despegaban, pero el 430 y el 911 Turbo les seguían de cerca. Por detrás, otros Porsche y Ferrari subían a un ritmo que, humildemente, consideré bastante elevado dadas las condiciones. Y cerrando el grupo mi humilde MX5 dándolo todo, y Josemi y su infatigable Lupo GTI.














La plebe, como quien dice...

La llegada al alto fue apoteósica, al estilo de la parada que hicimos anteriormente en una gasolinera. Éramos unos cuantos coches metiendo ruido, y eso siempre gusta. Durante la bajada preferí mantener las distancias, dado que no conocía la carretera y los frenos de mi coche tienen sus limitaciones. Y fue entonces cuando Efrén decidió mimetizar su Lotus de color British Racing Green con el entorno, y pasarlo a Asturian Vacas Green. Sin consecuencias, bastó el esfuerzo de todos para sacar los escasos 600 kilos de coche de la cuneta y volver a rodar.














¡Por lo negro, hombre, por lo negro!

El resto de la jornada siguió la misma tónica: muy buen ambiente, ninguna necesidad de demostrar nada a nadie, ningún pique… conducción deportiva, simple y puramente. Lo que incluyó una subida de vuelta de Arenas de Cabrales, atravesando un desfiladero, en la que dimos rienda suelta a toda la cuadra de la expedición. Quisiera aprovechar para pedir disculpas a los habitantes de la zona por el estruendo de la caravana apretando sus motores entre las montañas. O no, nada de disculpas, porque bonito fue un rato largo.

Lamentablemente, la niebla nos impidió subir a los Lagos de Covadonga. Quienes somos de la zona sabemos que en este lugar la niebla es muy traicionera, y puede reducir la visibilidad a cero en menos de lo que tarda el Ferrari F430 en cambiar de marcha. Así que lo dejamos en mera visita eclesiástica, para regresar a Cangas de Onís e instalarnos en el Parador. Y ahí fue donde yo lo dejé y me retiré camino de mi casa, dando por finalizada una buena jornada, un buen día.














Y es que de eso se encargan en The Driving World, de hacer pasar un buen día a lomos de un deportivo de prestigio (aunque en mi caso fuese un popular roadster, pero es lo que hay). Y es que esta gente se curra realmente las rutas, con visitas a hoteles buscando las mejores opciones, recorriendo mil y una vez las carreteras para evitar sorpresas, roadbooks cuidados y realistas, charlas antes de cada ruta con recomendaciones prácticas hechas por gente que sabe de lo que habla… Aquí no hay azafatas en bikini, ni cincuenta coches paseando por una ciudad escoltados por la Policía. Son salidas casi familiares, en las que lo fundamental es pasarlo bien y disfrutar del entorno y de los coches. Y no son caros. Bueno, no son caros para los sitios a los que se va, claro, y para el nivel de los participantes.

The Driving World, www.thedrivingworld.com, o como pasar un buen fin de semana entre amigos. Si alguien se quiere apuntar a alguna salida, que se dé prisa, que por decisión de la organización aceptan pocos coches de cada vez. Tanto mejor que sea así, a mi gusto.

3 comentarios:

Svexup dijo...

El Lotus rojo chupaba demasiada camara...

JOSÉ MIGUEL dijo...

Qué maravilla de reunión.

Lo Gené dijo...

Magnífica iniciativa. Me ha recordado mucho a las salidas que se organizan los del foro de Soloporsche, pero menos endogámico.

 
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