domingo, 28 de octubre de 2007

Inútil

Hace unos meses me decidí a comprarme un reloj especial. Ya conocía esa web japonesa desde hacía tiempo, pero siempre lo había ido dejando. A fin de cuentas ni necesitaba un reloj más, ni mucho menos uno tan complicado para ver la hora. Pero me lo compré. Es cuadrado, negro, concretamente machine-gun metal (ese anodizado entre negro, verde oliva y gris), con correa de piel y una forma muy curiosa de dar la hora, a base de leds que se iluminan en grupos de horas, decenas de minutos y unidades de minutos. Ni que decir tiene que ponerlo en hora es complicado, y leerlo requiere una cierta atención, además de pulsar un botoncillo en un lateral para que “se haga la luz”.





















Espectacular.

Es un aparato realmente inútil como reloj, o eso dirán muchos. Tan inútil como un cuadro que cubre una pared en una casa, supongo. Tan inútil como una camisa de marca cara carísima, que casi nunca usas y que, de hecho, puede ser sustituida por otras muchas que guardas en el armario. Tan inútil como un coche biplaza descapotable.

Releyendo la prueba de cierta revista del Honda S2000, en el resumen en el que hablan de confort, prestaciones, seguridad e inversión, escriben textualmente: “Realmente es S2000 es un vehículo bastate inútil”. No, no me he vuelto tarugo, las faltas ortográficas están copiadas de forma literal. Me hace gracia que un redactor con semejante inutilidad manifiesta para escribir una frase coherente y correcta, nombre precisamente esa supuesta inutilidad del S2000.















¡Viva el corrector!

De la RAE, que aunque muchos no lo crean, no significa “Real Academia dE la lengua”:

Utilidad:
cualidad de útil.
Útil: que trae o produce provecho, comodidad, fruto o interés. Que puede servir y aprovechar en alguna línea.

En el sentido popular habitual, especialmente referido a los automóviles, útil significa que sirve para ir por los sitios con capacidad de carga, prestaciones lógicas, maletero, espacio interior, sin que te rocen los bajos, y a ser posible gastando poco. Quizá haya alguno equivocado entre los que piensan así, ¿no creen? Y lo que es más triste: que una revista de gran tirada nacional se atreva a calificar al Honda S2000 como un coche inútil.

Un gran amigo tiene uno. Otro lo tuvo, y lo cambió por un Lotus Elise Otro tuvo el del primero un tiempo, aunque lo cambió más tarde por un NSX. Yo no lo tengo, lo veo demasiado “áspero”. Es lo que se llama en Inglaterra un “smile-car”. El coche es muy bajito, y el listón transversal del chasis en medio del suelo no facilita mucho la entrada. Una vez dentro, la sensación es de sujeción total. Pero no sólo por los asientos, sino por la forma de todo el interior, empezando por el cuadro de mandos y siguiendo por la consola central, que rodea a los dos ocupantes por encima de los riñones. Además, la puerta sube mucho y se siente uno bastante protegido dentro del coche. La sensación puede resultar agobiante para muchos. El embrague es duro, la palanca de cambios aún más, como lo son las suspensiones, y el coche se siente muy crudo y áspero. No llega al nivel del Lotus Elise, por descontado, coche en el que tras pillar el primer bache lo primero que te preguntas es si llevas las ruedas hinchadas o si vas sobre las llantas. El maletero muchos lo ven minúsculo, y dentro no hay guanteras como tales. Capotado la visibilidad es escasa, como en todos los coches de este tipo. Y además, es un coche muy ruidoso, que cuando corre como un demonio gasta como dos demonios juntos, y cuyo motor encima no suele dar las cifras de potencia oficiales, además de requerir un mantenimiento exhaustivo para mantenerlo en forma. Ah, y la capota hace ruidos cuando se va con ella puesta. Y gasta muchas ruedas, también.
















Y qué bonito es...

Todo ello se olvida cuando se conduce y se disfruta. Quisiera hablar con esa persona de esa revista para que me explicase, tras regresar del pueblo por una carretera canija, descapotado, disfrutando del día y, fundamentalmente, con una sonrisa enorme en la cara, por qué ese coche, como todos los roadsters o descapotables biplaza, es inútil en términos generales.

Y es que ese discursito acaba cansando. Uno se harta de que la gente juzgue los actos de los demás por criterios individuales, aún sabiendo que no se adaptan a los del juzgado. ¿Cómo alguien sin hijos puede juzgar la utilidad o inutilidad de ciertas cosas, en referencia a los hijos de los demás? En sentido opuesto, ¿cómo un conductor de monovolumen diesel se atreve a decirme que mi coche me es inútil? Porque no, no me confundo, no se refieren a su caso en particular, sino al mío.

Hace tiempo una discusión similar, llevada con humor al principio por mi parte, me costó una relación (no me atrevo a llamarlo amistad, a la vista de lo que pasó) de varios años. Y lo curioso es que era a mí al que se tachaba de engreído, de soberbio. Daba igual que explicase que ese beneficio, ese provecho, o ese servir para algo no se refiere a un fin concreto, sino al fin requerido por cada uno. No, mi fin era estúpido y el único fin normal, bueno, lógico, decente, o como quieran llamarlo era el del otro. Sí, por lo visto un coche que no sirve para cargarlo con cosas del Leroy Merlin es un vehículo inútil para todo el mundo, incluso para mi vecina parisina, que ya roza los 90 años y nunca ha tenido carnet de conducir, sino chófer.




















¡Bastián, haz el favor, que no me cabe la butaca del vecino!

Es lógico: yo con mi pequeño descapotable voy por los sitios, lo mismo que alguien en su Seat Leon diesel, por ejemplo. Vamos y volvemos, y el otro en su coche podrá llevar a más gente, y equipajes, y comprarse más cosas, y seguramente gastará menos en combustible que yo. Y esos son los que luego me llaman materialista por gustarme lo que me gusta, curiosamente. Esos para los que su placer personal consiste en algo material: espacio. A los que buscamos el placer del viaje en las sensaciones que nos procuran nuestros automóviles, sólo nos queda aguantarnos y bajar la cabeza. Algo parecido puse en la entrada titulada “El Maletero”, pero no caeré en el error de nombrar la envidia. No merece la pena, muchos no lo aceptarán, y otros, por falta de experiencia y conocimiento, ni siquiera lo entenderán.

De cualquier forma, yo sólo sé que prefiero usar mi coche para usarlo como lo uso, a un Opel Astra, por mucho GTC coupé sport racing rapide speed que sea. Y en mi dormitorio colgará un Roy Lichtenstein, aunque una lámina del Hipercor con un bodegón tape igualmente la pared. Y seguiré poniéndome a veces mi reloj de Tokyoflash, de la misma forma que me pongo cualquiera de los otros que tengo, aunque un Casio me dé la hora igualmente. Y, de hecho, seguiré poniéndome esa camisa marrón de Kenzo, aunque sea una vez al año, y siempre que no se pase de moda… Esa camisa que no sirve para cavar una zanja en el jardín.




















Hopeless, de Roy Lichtenstein, año 1963

Por cierto, una amiga se quiere deshacer de su secadora. A mí es que no me es útil…

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Dice "...si lo miramos pragmáticamente". Has sacado las cosas de quicio.

Andrew Vickerman dijo...

También dice inútil, que es realmente lo que quiere decir. Da por hecho que todo el mundo tiene más o menos las mismas necesidades respecto de los coches, algo que es cierto, pero olvida el fin absoluto para el que se fabrican, venden, compran y usan este tipo de coches, que además del consabido "presumir", por desgracia, es fundamentalmente la diversión.

Ya te digo que mi Lichtenstein es una inutilidad absoluta, cuando un bodegón del MerKamueble llena también la pared. Se lo pongo más fácil: seguro que en casa tiene una cristalería bonita que le gusta usar, aunque con la que le regalaron en el Hipercor le vale para beber.

Toni dijo...

Amigo:
RAE: Real Academia Española.

Un saludo y enhorabuena por su blog.

Anónimo dijo...

Vas a acabar consiguiendo que tenga cierta afición por los temas automovilísticos... Cécile

el roboc dijo...

Oh, me llamó amigo!

 
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