domingo, 12 de junio de 2016

Toyota Fortuner, el todo-terreno que Toyota no trae a Europa

Vayamos directamente al grano con esta prueba, sin más introducción que una breve descripción del coche en sí, para luego pasar a lo que viene a ser un uso habitual del vehículo en caso de que el susodicho fuese importado a Europa. Es decir, centro comercial, atasco e imaginarse saltando un bordillo para poder avanzar entre las calles y así llegar a nuestra urbanización. En mi caso el condominio de mi apartamento de Bangkok, que no es una urbanización pija de chalets adosados, pero sí tiene una piscina cojonuda. Y mejores vistas.

A la puerta de casa
   
El coche es la versión cerrada del Toyota Hilux. Hasta la generación anterior, que temo haya sido la primera, de hecho, con un ligero restyling, muchas de las piezas de la carrocería eran, si no iguales, sí muy parecidas. Cambiaba un poco la parrilla y tal, pero nada más. Y por dentro tres cuartos de lo mismo. Lo que evidentemente cambiaba, porque los japoneses diseñan las cosas bien, era y sigue siendo el esquema de la suspensión trasera, eliminando las ballestas de la pick-up y sustituyéndolo por algo fabricado en oro, diamantes, platino, titanio y, seguramente, recubierto con un lubricante extraído del testículo izquierdo de un dragón, a la vista de la diferencia de precio que siempre hubo entre el Hilux y el Fortuner, y que en esta nueva versión desconozco si sigue siendo tan abultada. Las mecánicas, al menos aquí en Asia, eran y siguen siendo las mismas. O la misma, mejor dicho, siendo la diferencia el tipo de tracción a elegir: trasera o total. De nuevo, hablando de al menos la versión viejuna, ya que de esta nueva no sólo no tengo ningún dato, sino que no me apetece ponerme a buscarlos. Un motor diesel de cuatro cilindros con tanto par como vibraciones, de un sonido verdaderamente horroroso pero que, por lo menos en el campo en Laos, su toque tractoril pega con el ambiente y se ve algo atenuado con el berrido constante de la motoreta habitual. Pero en Bangkok ciertamente resulta excesivo.

En su entorno potencialmente más habitual

Por fuera verdaderamente tiene una pinta extraordinaria, más cercana a la del Toyota Harrier (versión del Lexus RX, y que también es alucinante, especialmente con los focos traseros encendidos) que a la de un todo terreno puro. El Land Cruiser del pobre, que llaman algunos, pero que sin duda en esta versión no desmerece en absoluto, pareciendo más una carrocería pequeña para quien prefiere un tamaño más comedido. Ni qué decir cuando entramos dentro.  Me han gustado mucho los faros, cuya capacidad de iluminación desconozco gracias a la existencia de alumbrado público en todas las zonas en las que conduje el coche. Pero desde luego que tienen buena pinta. Hete aquí la calidad de mi análisis, ojo. También me ha gustado mucho el acceso al coche, considerablemente más cómodo que a un Land Cruiser Prado, al menos en las plazas delanteras, por notarse todo un pelo más abajo. 
   
Maletero

Sin embargo, las plazas traseras quedan considerablemente más altas que en un SUV habitual, dada la configuración de verdadero todo-terreno del coche, lo que puede resultar inconveniente. Y es que para poner a la niña en la silla dificultad no tuve, más que la habitual resistencia de la infanta, pero su madre no lograba dar con la técnica de ascenso y descenso del coche. Hay una tercera fila, cuyos asientos se pliegan hacia los laterales, cuyo acceso permanece como incógnita para mí. La boca de carga del maletero queda alta cuando eres un español medio, quizá normal cuando eres un europeo medio, y terroríficamente elevada cuando eres un laosiano medio. Sin embargo, el acceso al mismo es también mucho más fácil que, por ejemplo, el de mi actual coche, cuya tapa no abre mucho y cuyo hueco queda estrecho. Habría estado bien que abriese cual Land Cruiser, partida en dos con una mitad hacia abajo, pero la veo más práctica que la puerta de apertura lateral de los Land Cruiser Prado.

Plazas traseras

El interior ha mejorado de una forma más que notable con respecto a las series anteriores. Ahora incluso da pena ensuciarlo. Eso puede ser bueno si se usa el coche en entornos habituales desarrollados, es decir, en ciudad, pero algo inconveniente si vas a rodar por pistas en Laos o en Birmania, cosa que podría ser probable en mi caso. Hay una parte que va tapizada y acolchada, así como en cuero falsete con costuras, que queda realmente bien. La tapicería es siempre de cuero, y los asientos cuentan con reglaje eléctrico y calefacción, pero no ventilación. Los colores de la tapicería son muy llamativos: negro, beige camel, y marrón oscuro. Verdaderamente quedan con un aspecto de lujo, especialmente porque los asientos tienen un diseño muy cuidado. Todo es muy superior a las versiones anteriores, y uno tiene la impresión de ir en un coche de lujo, no en una herramienta campera aunque el coche sea, no ya perfectamente capaz, sino un vehículo diseñado para el campo. Es muy sencillo encontrar una buena postura al volante. De hecho, si comparo con el Volvo XC90 de la generación anterior, por poner un ejemplo que me resulta conocido, el coche me parece más cómodo en ese sentido (pero en ese sentido únicamente, claro). Generalmente, los SUV me dejan los tobillos doloridos, cosa que no me sucedió con el Fortuner.
  
El interior, con sus tapizados y guanteras

Todos los plásticos se sienten de calidad, la mayoría de ellos acolchados. Las puertas cierran con una solidez adecuada, sin llegar al empaque de las de los Cayenne o similares, pero desde luego que mejor que en los KIA Sportage y demás SUVs medios, y en general el coche se siente bueno al tacto. No está mal, verdad? Claro que no, porque de momento no hemos arrancado el mamotreto. Y es que tras un cierto tiempo conduciendo coches de gasolina, ahora mismo un V6 de tres litros que, aunque viejuno, sigue siendo tremendamente estable, y anteriormente un 4 cilindros perronero pero a estrenar, arrancar la cosa diesel esa a uno le da la sensación de estar en un camión. Sumemos la altura del coche para que el efecto sea todavía más marcado. Un espanto, al menos de primeras. La caja de cambios tiene un modo secuencial con levas tras el volante, totalmente prescindible, así que uno pone la D y se dispone a moverse. Y se mueve en cuanto se empieza a levantar el freno, y a toda velocidad, tal es el par del motor. El coche se mueve sin acelerar considerablemente más rápido que cualquier coche de gasolina habitual, recordando en parte a las salidas en primera que hacia yo, inexperto, con la Renault Espace de mi padre.

Echando gasolina
   

El motor, tan perceptible al ralentí, desaparece en cuanto se alcanza una velocidad de crucero, y lo único notable es el bajísimo consumo que indica el cuadro de mandos, con medias de autopista cercanas a los 5 litros. Eso, en un ladrillo de dos toneladas, me parece una ridiculez. No es un consumo cierto, como es lógico, pero la verdad es que al rellenar el depósito la media no superó los 9 litros, habiendo circulado bastante por ciudad. Eso sí, en cuanto reseteaba el ordenador y le daba algo de cera en atascos, la cifra se ponía ya en niveles más plausibles.

Consumo comedido, eco mode

El coche dispone de un ordenador que permite introducir el precio de la gasolina y saber lo que se gasta. Una chorrada, lógicamente, pero ahí está. Tampoco es que el ordenador dé mucho más juego.


Introduzca precio, luego ya se verá


La caja de cambios siempre circula en la marcha más larga posible. Caja de siete velocidades, creo recordar, aunque en Wikipedia pone que es de seis, vaya usted a saber (también pone que hay varios motores, pero yo siempre he visto sólo uno). Los cambios son tremendamente suaves, como casi todo en el coche. Y es que la dirección creo recordar me resultó muy suave al tacto, siendo que las suspensiones también van blanditas, sin la sequedad habitual de los coches modernos. Tampoco es que Bangkok sea una ciudad bacheada, no obstante. La maniobrabilidad en ciudad es la que es, pero puede sorprender. El coche no gira mucho, por no decir que no gira un pijo, pero dispone de una excelente visibilidad en todos los ángulos. La cámara de aparcamiento también ayuda, claro está, y a día de hoy me parece algo totalmente imprescindible en cualquier coche.

Plazas delanteras


Dispone de un sistema de start/stop que funciona de manera muy correcta. Al parar, basta presionar más el freno para que el motor se apague. Si no se mueve, y con el calor de Bangkok, tarda dos minutos en arrancar de nuevo para apoyar al climatizador que, dicho sea de paso, funciona muy bien. Hay una ligera sacudida al apagar, pero no tanta al arrancar, aunque el sonido es más que perceptible.

Sistema multimedia con pantalla molona


Y qué más decir... Bueno, es un coche de semi-lujo con todo lo que ello conlleva, básicamente en coste de adquisición, que si bien no es un Porsche Macan, sí que resulta excelente en uso campero. No lo digo por experiencia propia, evidentemente, sino a la vista de los muchos que circulan por Laos con mantenimientos lamentables. A alta velocidad relativa en autopista, digamos 140, el coche se mantiene sin problema alguno. Faltaría más, claro, pero es que no hablamos de un SUV precisamente. 

En definitiva, un coche que ha pasado de ser una herramienta de países en desarrollo a un producto perfectamente vendible en otros mercados, mercados a los que Toyota no lo trae por sus consideraciones comerciales. En Laos cuesta unos 60,000 USD, por cierto.


domingo, 17 de abril de 2016

Honda CRV, mis condolencias

Ciertamente llevaba tiempo sin escribir, pero es que no me da para mucho más. Un amigo suele decir que odia a los que responden con un “estoy muy liado” cuando van a quedar para cualquier cosa. Más concretamente, quienes siempre dicen estar muy liados. No es que sea mi caso, pero ha habido otras prioridades y, claro, a uno le gusta escribir pero cuando no da, no da.

Una de las prioridades cumplió nueve meses hace unos días y, como en casa seguimos siendo incorregibles, no ha habido manera aún de encontrar y aceptar un pediatra que nos quede cerca, así que cada vacuna supone volar a Bangkok. La ventaja es que podemos aprovechar para comprar cosas necesarias, como galletas de importación o calcetines negros “de vestir”, cosas que suelen ser imposibles de encontrar en donde vivimos. Otra ventaja es la posibilidad de alquilar coches y conducirlos, aunque sea sólo por Bangkok y alrededores. Lo malo es que generalmente te dan coches viejunos y anodinos, carentes de cualquier interés. Pero eso es sólo generalmente, pues hace meses tuve la oportunidad de usar un Honda CRV relativamente nuevo (porque estaba impecable pero pasaba de los 80.000km), del que pasaré a hablar a continuación, si es que me atrevo.

Lo CRV

Y hablo de atreverme porque, a la vista está en el retraso en la redacción de este artículo, el coche me resultó tan apetecible como un trozo de queso fresco así, a palo seco. Que sí, que con hambre comes de todo, pero un poco de membrillo, o mermelada, o yo qué sé… un algo que te dé gustirrinín, como el cilindrín que dicen que tienen los hombres, que cantaban Las hermanas Sisters (los de La Trinca con faldas).

Porque hay quesos así blancos y sin mucha historia que sí apetecen. En Bangkok suelo comprar un “cottage cheese” australiano bastante logrado. Con un poco de miel, hace un postre socorrido, o incluso una cena si te has pasado comiendo en algún buffet de restaurante de hotel, o de esos de ponerse hasta el ojete de comida japonesa. O el Halloumi chipriota, ahí a la parrilla, tan salado él y con ese tacto un poco gomoso pero que casi te sustituye a un filete. En Yangon venden uno, curiosamente también de origen australiano, que si bien sale por una pasta (de ahí la comparación con el filete), de vez en cuando apetece y se agradece. Un repollo salteado con ajo y algo de embutido, y tienes una cena deliciosa. Además, es un queso que aguanta muy bien cualquier cerveza así como los tintos ligeritos típicos de Sudáfrica (que viene a ser lo más bebible a precio aceptable por aquí).

Halloumi a la plancha, que sólo de verlo da hambre

Pero, sin duda, de estos quesos “simples” que podemos comprar en Yangon, me quedo con un Gorgonzola dulce. El propio envase pone “ma come fano a farlo così buono”. Y es que seguramente sea un producto industrial de supermercado, pero qué coño, está buenísimo. Ese sí que entra a palo seco, ese sí que apetece comerlo sin pan ni nada.

En Luangprabang la cosa es distinta, al haber sido colonia francesa Laos tiene muy buena oferta quesera. Y hacen queso de cabra (que nunca me gustó, por cierto). Pero no es consistente y sí que sale por una verdadera pasta. A los típicos Brie y Camembert, se les suelen unir de cuando en cuando quesos más elaborados y curados, e incluso una vez pude comprar un St. Marcellin.

¿Y qué tiene todo esto que ver con el Honda CRV? A priori poco, pero es que sinceramente, ponerme a recordar semejante artefacto me produce bastante desgana. Podría hacer una similitud con el mercado quesero laosiano: no siempre disponible y caro. Y es que el coche no es de los habituales para alquilar, sale bastante carillo y, sorprendentemente, me hizo unos consumos de “gasohol” (lo que quiera que sea eso) de alucinar, en plan 15 litros o más a los cien, algo totalmente injustificable. Pero es que tampoco es bueno, o quizá sí lo sea pero desde luego no de mi gusto.

6,3 litros por kilómetro son 15,8 a los 100…
  
Bueno, vamos con el coche. Honda CRV 2.0 a gasohol, tracción delantera y cambio automático, fabricado en Tailandia. Habitabilidad decente y relativamente acorde con el tamaño exterior del coche. Visibilidad muy buena. Anda poco y gasta mucho, pero al menos el motor es suave. Fin de la prueba.

Entiéndaseme, si se tratase de hacer una prueba de esas de revista, sencillamente iría al archivo de pruebas y copiaría muchas frases variadas, cambiando el nombre del coche. Tal es la desgana y la “anodinidez” de todo ello que uno se plantea si hablar o no hablar. Y, de hecho, deja pasar los meses, como es mi caso.

El comportamiento en carretera es eso, anodino. Todo pasa desapercibido porque todo funciona. En ningún momento piensas que vas en un gran coche, o que el coche es una mierda, ni te hace extraños ni nada. Es, en ese sentido, un vehículo de transporte de pasajeros perfecto. No está ahí, pero te lleva y te trae y, lo más seguro, nunca te dejará tirado. Y tiene mil huecos por dentro en donde dejar cosas, porque se entiende que los padres de familia oficinistas que conducirán este coche siempre llevan muchas cosas que dejar en muchos sitios.

Puerta con huecos
  
Otra de las características del coche es que está diseñado para gente con una pierna más corta que la otra. Eso me parece algo muy positivo, hay que evitar las discriminaciones y si uno tiene una pierna corta, o por los motivos que sea decide ponerse una, está bien que también pueda comprar un coche a su medida. Conviene, no obstante, mirar primero qué pierna es. Si se trata de la izquierda, el coche tendrá que ser inglés o tailandés. Mejor tailandés, claro, que hace mejor tiempo y la vida es más barata.

Lamentablemente, para gente con dos piernas iguales el coche resulta incómodo. Pero incómodo de narices. No tanto como un infame Toyota Vios que también alquilé hace tiempo, que me dio dolor de tobillos al conducirlo, pero suficiente como para descartarlo. Hay un algo en la forma del salpicadero, concretamente esa curva hacia el centro, que te obliga a ir como doblado, así en escorzo, si no quieres dejarte rodilla y media en la conducción. O serán mis formas antropomórficas malamente desarrolladas, no sé, pero no se explica que con el volante sacado del todo (es decir, acercado), y el asiento en una postura normal, no como si fuese yo un reguetonero de Puelto Lico o un cani conduciendo camino del Mediamarkt, la cosa me quede tan incómoda. Y subiendo el asiento es incluso peor.

Interior del vehículo 

Decía antes que el coche tiene buena habitabilidad. Que quede claro que sigo pensando lo mismo que pensaba hace años sobre los maleteros, pero cuando vienes de viaje y traes la sillita de la niña y el equipaje de tres personas, y alquilas uno de esos SUVs, esperas poder meterlo todo sin problemas. Y no, no es tan, tan grande. De hecho, todo queda muy arriba, y esos falso suelos y huecos escondidos no sé muy bien para qué sirven, pero desde luego que no para meter maletas.

Estoy tratando de escribir algo más, pero no se me ocurre. El coche es un coche de contable para uso normal de este tipo de coches: ir al supermercado y circular por ciudad. Siendo partidario de los SUV y de las escapadas al campo, en este caso conviene ser realista. El coche es para lo que es, con usos que incluyen el poder mirar desde más arriba a los que van en taxi, pero con mucha envidia a los que van, por ejemplo, en el Toyota Harrier.

En el atasco, ambiente seguramente habitual del modelo
  
Funciona muy bien, todo queda a mano, se va de manera confortable en un coche que transmite la solidez habitual de los coches nuevos de cierto nivel, y seguramente a Europa llegue con miles de accesorios interesantes. Pero es también la desgana absoluta, de ahí mis condolencias. 

Descanse en paz.
 
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